Por Fer Acosta. La ciudad de Chihuahua ocupa un lugar importante dentro de la historia de la Liga Mexicana de Beisbol (LMB). A lo largo de más de ocho décadas ha tenido presencia en cuatro diferentes etapas del circuito profesional: en 1940, posteriormente de 1972 a 1982, de 2007 a 2010 y, finalmente, desde 2024 hasta la actualidad con el regreso de los Dorados de Chihuahua. Pocas ciudades del país pueden presumir una tradición tan prolongada dentro del máximo circuito veraniego. Sin embargo, la realidad actual refleja una paradoja: Chihuahua posee uno de los estadios más modernos y con mayor capacidad de la liga, pero continúa enfrentando serias dificultades para atraer aficionados a las tribunas. Una ciudad grande con una asistencia pequeña De acuerdo con datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la ciudad de Chihuahua supera actualmente los 950 mil habitantes, mientras que la zona metropolitana rebasa el millón de personas. Con una población de estas dimensiones, Chihuahua figura entre las diez ciudades más grandes de México y es una de las economías más sólidas del norte del país. Bajo esta lógica, debería representar una de las plazas más fuertes de la Liga Mexicana de Beisbol. Sin embargo, los números de asistencia cuentan una historia diferente. Durante la temporada 2026, después de 19 juegos celebrados en el Estadio Monumental Chihuahua, la asistencia acumulada apenas alcanza los 40,583 aficionados, lo que representa un promedio de 2,136 espectadores por encuentro. Considerando que el inmueble cuenta con una capacidad aproximada de 15,000 aficionados, la ocupación promedio es de apenas 14.2 por ciento. Dicho de otra manera, en cada partido permanecen vacíos cerca de 12,864 asientos. El último lugar de la Zona Norte Los números colocan a Chihuahua en el décimo y último lugar de asistencia de la Zona Norte de la Liga Mexicana de Beisbol. Asistencia acumulada 2026 – Zona Norte 1. Monterrey: 273,747 2. Tijuana: 215,165 3. Laguna: 133,660 4. Jalisco: 107,779 5. Saltillo: 96,672 6. Monclova: 77,896 7. Laredo: 74,195 8. Aguascalientes: 64,394 9. Durango: 46,589 10. Chihuahua: 40,583 Lo más preocupante es que Chihuahua se ubica por debajo de ciudades considerablemente más pequeñas en población como Monclova, Durango, Saltillo y Nuevo Laredo. El contraste con otras plazas Monclova es quizá el mejor ejemplo. La ciudad coahuilense cuenta con una población cercana a los 250 mil habitantes, es decir, apenas una cuarta parte de la población de Chihuahua. A pesar de ello, registra 77,896 asistentes, prácticamente el doble que la capital chihuahuense. Saltillo, con una población aproximada de 900 mil habitantes, registra más de 96 mil asistentes. Aguascalientes, con una población similar a la de Chihuahua, supera los 64 mil aficionados. Incluso Durango, que históricamente ha enfrentado problemas económicos y deportivos, mantiene cifras superiores a las registradas por los Dorados. La diferencia radica en un factor fundamental: la cultura de asistencia. Una afición históricamente resultadista Diversos episodios en la historia reciente del béisbol profesional en Chihuahua permiten identificar una constante: la afición responde principalmente cuando el equipo gana. Durante la etapa de los Dorados en la LMB entre 2007 y 2010, las mejores entradas coincidieron con temporadas competitivas y la presencia de figuras reconocidas. En contraste, cuando los resultados deportivos disminuyeron, la asistencia cayó de manera considerable. La misma tendencia se observa actualmente. La afición chihuahuense suele acudir cuando existe expectativa, presencia de estrellas o una racha ganadora. En cambio, el simple hecho de asistir al estadio para disfrutar del espectáculo beisbolero no forma parte todavía de una costumbre arraigada como sucede en plazas tradicionales. Monterrey, Tijuana, Monclova, Saltillo o Yucatán han logrado consolidar una cultura donde el estadio es una opción habitual de entretenimiento familiar independientemente de la posición del equipo en el standing. En Chihuahua, la asistencia continúa dependiendo en gran medida de los resultados inmediatos. Un estadio de primer nivel desaprovechado Desde 2004, Chihuahua cuenta con el Estadio Héctor Espino, uno de los inmuebles beisboleros más importantes del país. Su capacidad para 15 mil espectadores lo coloca entre los parques de mayor aforo de la Liga Mexicana. Sin embargo, el estadio rara vez presenta entradas cercanas a su capacidad total. Con el promedio actual de 2,136 asistentes por juego, el inmueble opera muy por debajo de su potencial. La diferencia entre infraestructura y asistencia evidencia que el reto principal no es el estadio ni la calidad del espectáculo, sino la generación de una cultura permanente de consumo deportivo. Un mercado con enorme potencial La baja asistencia no significa que Chihuahua carezca de afición al béisbol. Por el contrario, el estado posee una profunda tradición beisbolera reflejada en ligas infantiles, torneos regionales, campeonatos estatales y una histórica participación en competencias nacionales. Además, el Campeonato Estatal de Beisbol suele registrar asistencias superiores a muchos encuentros de la propia Liga Mexicana. El problema parece estar relacionado con la identificación de la afición con la franquicia, los hábitos de entretenimiento, la promoción del producto y la construcción de una experiencia integral alrededor del juego. Chihuahua es una plaza histórica de la Liga Mexicana de Beisbol. Cuenta con tradición, infraestructura, población suficiente y un mercado económicamente fuerte para convertirse en una de las mejores sedes del circuito. Sin embargo, los números de 2026 muestran una realidad preocupante: es la plaza con menor asistencia de la Zona Norte y una de las más bajas de toda la liga. Con apenas 40,583 aficionados en 19 juegos y un promedio de 2,136 asistentes por encuentro, el Estadio Monumental registra una ocupación cercana al 14 por ciento de su capacidad. La evidencia apunta a una característica que ha acompañado históricamente al béisbol profesional en Chihuahua: una afición predominantemente resultadista, que responde cuando el equipo gana, pero que aún no ha desarrollado una cultura sólida de asistencia permanente. El desafío para los Dorados y para la propia Liga Mexicana no consiste únicamente en ganar partidos, sino en transformar el béisbol en un hábito social y familiar que permita llenar las tribunas independientemente del lugar que ocupe el equipo en el standing. Solo entonces Chihuahua podrá convertir su enorme potencial en una verdadera potencia de asistencia dentro del béisbol profesional mexicano. Navegación de entradas SAVAGE: EL REGRESO DE UN PROYECTO QUE TRASCIENDE: LA COLUMNA DE FER ACOSTA SOBRE EL CICODECH A CARGO DE FER ACOSTA